lunes, 4 de marzo de 2013

JOHN CONNOR

John, hijo de Dios
 
En 1994, Janelle y Todd Voight decidieron adoptar a un niño problemático rebotado de los servicios sociales. Su madre biológica había sido acusada de destrucción de la propiedad privada, por lo que fue ingresada en el psiquiátrico Hospital Estatal Pescadero con diagnóstico de Trastorno esquizoafectivo. Aquel niño solo tenía 10 años y se llamaba John Connor.
Las habilidades de crianza de estos padres adoptivos eran a todas luces deficitarias y la cohesión familiar hacía aguas. Añadamos lo complicado de abordar a un chico con semejante rencor hacia su madre biológica, la cual además le inculcó que está llamado a salvar a todos los individuos del planeta. Demasiada presión para un chaval ¿verdad?


Aunque quizá la responsabilidad del fracaso familiar fue de los Voight. Quizá Todd no fue nada más que otro padre alcohólico. Quizá Janelle fue una madre fría y ausente. O quizá alguien les indicó que para que molestarse, total, a los tres años como todo el mundo sabe “tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de agosto de 1997. Los supervivientes del fuego nuclear llamaron a aquella guerra "El día del juicio final". Solo vivieron para hacer frente a otra pesadilla...la guerra contra las máquinas”

Pocas veces se retrata tan acertadamente el complejo de Mesías (que por cierto todavía no es estrictamente oficial en el ámbito académico, dejémoslo claro) como en la saga Terminator (James Cameron). Recordemos que en el vientre de Sarah Connor se encuentra el redentor de los hombres y mujeres. De hecho su alumbramiento obedece al esquema trino, tres esencias, propio del cristianismo.

En el nacimiento de Jesucristo estaban presentes dos personas (María-José) y una entidad mística (Dios), la cual posibilita un viaje sobrehumano para enviar al salvador de todos los semejantes desde su mundo (el celestial) al nuestro (el terrenal).

Igualmente, en el nacimiento de John intervienen dos personas (Sarah Connor-Kyle Reese) y una tercera entidad, el mismo John desde el futuro, que se encarga de su propio engendramiento al enviar a otro salvador, Kyle Reese (el cual conocerá a Sarah y tendrán un hijo, John Connor). Igualmente el proceso supone un viaje (aunque científico, imposible para la comprensión humana) desde su mundo (el futuro) al nuestro (el presente)

Al igual que el Todopoderoso, John Connor se crea a sí mismo. No olvidemos además que John acude cual cordero de Dios mandado por el más viejo de los preceptos: el amor al prójimo. Incluso de niño pasará un tiempo por el desierto, escondiéndose de las creaciones de Skynet (como hizo Jesús con los hombres de Herodes).


El  delirio Mesiánico o mesianismo es un indicio de psicosis en el cual quien lo padece se ve legitimado para acometer una empresa titánica (ej. Salvar el mundo) y en el que solo dicha persona puede lograrlo. Aunque pertenezca al reino psicótico, no siempre va acompañado de síntomas floridos. Es decir, no siempre es un cuadro llamativo, por lo que puede  pasar desapercibido en alguien que sea funcional.  Así se explica cómo han llegado al poder personas que luego han realizado gigantescas misiones para “redimir” a la raza humana como pueden ser las purgas soviéticas o la Inquisición Española 


Por supuesto tiene una vertiente altruista, aunque no por ello menos destructiva que sería la idea del sacrificio por el bien común, tan presente en la mitología cristiana. No olvidemos que los personajes de estas sagas, Kyle Reese, el T-800 o John Connor se sacrifican por todos nosotros.


 Pero en la vida real, quienes padecen tales delirios y toman esta decisión, no es distinto a una versión caritativa del  suicidio. Ejemplos en el año pasado temo que no han faltado:


      “A todos los creyentes y guerreros de la Luz los invito a un suicidio espiritual en masa en el Uritorco. Abandonemos nuestra carne impura y transportemos nuestro espíritu a través del portal interdimensional que se abrirá a las 21 horas del 21/12/2012. ¡Unámonos al Ejército de Luz que salvará a la humanidad!“.




Volviendo a la vida de John, a modo de una parábola, esta historia habla de la andadura de Dios por el mundo pero ambientada en un futuro apocalíptico. Y dónde hay un Apocalipsis, no lo dudéis, hay un Mesías.

 Guillermo Blázquez.
Psicólogo.



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